Argentina,
 
 

POLEMICA GALASSO - FERRERO
Acerca de la obra de Jorge Abelardo Ramos. 
Respuesta a Roberto Ferrero.

Por: Norberto Galasso

Con motivo de una polémica que sostuve semanas atrás con el profesor Jorge Sulé, el ensayista e historiador Roberto Ferrero ha cursado un correo electrónico, desde Córdoba. Se trata del autor de libros muy valiosos -que merecería ser mucho más reconocido en Buenos Aires- entre los cuales recuerdo: Del fraude a la soberanía popular, Sabattini y la decadencia del yrigoyenismo, Marxismo y sionismo, Saúl Taborda, Ecología e imperialismo y La colonización agraria en el sur de Córdoba.
En dicho correo, hace referencia a la confusión reinante acerca de la naturaleza de la Revolución de Mayo, lo cual me lleva a incursionar en el tema. Pero previamente desarrollaré algunas reflexiones acerca de la afirmación de Ferrero de que no coincide conmigo con respecto a la "datación del nacimiento del revisionismo socialista científico" (que denomino corriente historiográfica federal-provinciana, socialista o latinoamericana) y que según Ferrero se inicia con Revolución y contrarrevolución en la Argentina, de Jorge Abelardo Ramos.
Esa obra de Ramos es importantísima y por supuesto, aconsejo su lectura a los jóvenes, aunque advirtiéndoles que años después "el colorado" tomó rumbos lamentables. Pero lo interesante es que Ferrero le otorga a Ramos una especie de exclusividad en tanto quienes escribieron antes de Ramos, como el grupo Frente Obrero, son sólo "precursores" y quienes escribieron después, sólo "discípulos". Además, señala que la "posterior capitulación de Ramos ante el menemismo" no afecta, pues también Plejanov fue enemigo de la Revolución Rusa y ello no le impidió a Lenin seguir aconsejando la lectura de sus libros, muy valiosos por cierto.
Lo que ocurre es que nadie propicia hacer una fogata con Revolución y contrarrevolución…, ni discriminar a Ramos (en un trabajo colectivo que coordiné recientemente lo reconocemos como uno de "los malditos", silenciado por cuestionar las ideas dominantes). Como se comprende, para nosotros -socialistas nacionales- sería absurdo discutir paternidades o individualidades, a la manera como se pelean las chicas de los teatros de revistas para conseguir una posición más destacada en los afiches publicitarios. En lo que a mí respecta, algunas precisiones sobre ese tema me han sido motivadas por dos razones: a) el restablecimiento de la verdad, en tanto los valiosos aportes de Frente Obrero han sido ocultados sistemáticamente y b) porque la circunstancia de que Ramos haya escrito América Latina, un país (1949), y Alem, historia de un caudillo (1951), por ejemplo, así como que haya abjurado del marxismo (1984, revista El Porteño) y finalmente haya "capitulado" al apoyar al menemismo, deteriora su imagen política y afecta lamentablemente -salpicando de oportunismo y quitando seriedad- a Revolución y contrarrevolución…
Desde mi punto de vista no es posible avanzar por caminos de verdad y de solidez ideológica, requisitos para el acercamiento de las nuevas promociones, si persistimos en decir las cosas a medias. Esta es una época de definiciones, no de confusiones. Por eso, cuando Ferrero señala que los aportes realizados por los integrantes de Frente Obrero "estuvieron largo tiempo ocultados y/o desatendidos", yo pregunto: ¿Quién los ocultó? ¿Eran acaso materiales de formación política en el PSIN o en el FIP, como hacía Lenin con Plejanov, considerándolo un precursor? ¿Acaso alguna vez un militante de esas agrupaciones escuchó mencionar a Narvaja? Nadie que militó en esas agrupaciones puede contestar afirmativamente. Por el contrario, la discriminación y el silenciamiento, aplicados por Ramos en tanto orientador ideológico de esas agrupaciones, hundió en el olvido a aquellos que Ferrero considera "precursores", de la misma manera como a su vez la clase dominante silenció a los hombres de pensamiento nacional.
A este respecto, Ferrero sostiene que "Ramos, por lo demás reconoció generosamente su deuda con Frente Obrero, no sólo en la ocasión que cita N. Galasso…, etc." Disentimos. En la ocasión a que me referí -prólogo de la primera edición de Revolución y contrarrevolución…- Ramos sólo reconoce que hubo "otras voces" que influyeron en su reinterpretación de la historia argentina permitiéndole corregir sus errores de América Latina un país, pero no menciona de dónde provenían esos aportes, ni de quiénes eran esas voces. Sí, en cambio, es cierto que en 1981 -por primera vez, después de varias décadas- Ramos reconoce, en la página 42 de La era del bonapartismo, la importancia del periódico Frente Obrero y de su único redactor, Aurelio Narvaja. Pero, ¿cuál es la causa de ese reconocimiento tardío? ¿En qué momento político aparece esta información que casi nadie conocía dentro de la militancia de la Izquierda Nacional? En 1981. Es decir, poco tiempo antes de que Ramos declare públicamente su abandono del marxismo, cediendo así gentilmente el mérito marxista de haber comprendido al peronismo a quien le correspondía... Habían transcurrido 36 años, todavía imperaba el terror y este traspaso de mérito marxista resultaba una carga demasiada pesada y peligrosa para el beneficiario.
Algún día se escribirá la historia completa sobre este tema. Ramos ocupará en ella un lugar, al igual que los miembros de Frente Obrero, como Terzaga y tantos otros. Por ahora estimo que tengo el deber de señalar mi opinión acerca de que no se le hace ningún favor a la Izquierda Nacional reivindicando América Latina, un país. No comparto la opinión de Ferrero de que ése es un libro de Izquierda Nacional. Me parece más correcta la opinión de Manuel Gálvez quien, desde su nacionalismo clerical, celebró jubilosamente su aparición y llevó el libro a la biblioteca del Jockey Club para que lo leyeran sus amigos de derecha. Tampoco creo que pueda reivindicarse Alem, historia de un caudillo que es América Latina un país ...no para principiantes -como ahora se estila- sino para radicales alvearizados.
Como introito ya es demasiado. Vamos ahora a la cuestión de la Revolución de Mayo. Ferrero sostiene: "…según la tesis que comparten la Izquierda Nacional historiográfica y el rosismo, la Revolución de la Independencia no fue -valga la contradicción- 'independentista' en sus orígenes: no fue separatista ni antihispanista. Esta tesis, que no es de Ramos, ni de Rivera, ni de Sulé, sino de Enrique de Gandía afirma que la guerra de la independencia fue una contienda civil entre liberales y absolutistas, que contó con criollos y españoles en ambos bandos; que al fracasar la revolución liberal en la parte peninsular del imperio español, los habitantes de esta otra parte, americana, habrían declarado su independencia para no quedar bajo las garras del absolutismo". Al respecto, comenta Ferrero que le "perturba la existencia de ciertos hechos gruesos -y los hechos son porfiados- que encajan mal en esta tesis o hipótesis degandiana". Entre esos hechos menciona la independencia de Venezuela, el caso de Iturbide en Méjico y el carácter reaccionario de las clases altas peruanas enemigas del liberalismo.
Creo conveniente que aclaremos las posiciones, pues, por mi parte, no coincido con Sulé, ni con Ferrero. Sulé afirma: "El revisionismo histórico ha demostrado que todos los protagonistas de Mayo explicitaron no querer ser súbditos de la nación francesa." Y agrega luego: "Todos estos grupos conspiraron para evitar el afrancesamiento que una España dominada por Francia proyectaría inevitablemente y estalló cuando fue evidente que las tropas napoleónicas barrían con los últimos vestigios de la resistencia española". Es decir, para Sulé, Mayo fue un movimiento dirigido a evitar que al triunfar los franceses en España, impusieran las ideas de la revolución del 89 en América. Por eso, concluye afirmando que "Mayo no fue una ruptura, ni mucho menos una expresión antihispanista", entendiendo por "hispanista", creo, la España tradicional.
Mi respuesta a Sulé fue la siguiente: "Sobre la revolución de Mayo (los Cuadernos de Indoamérica) la definen como democrática, popular, o juntista, pero no separatista como lo plantea el mitrismo". Y agregué: "Le comento asimismo que no comparto la interpretación de que Mayo se produjo para evitar la dominación francesa porque en ese caso, derrotado Napoleón (1814), los continuadores de Mayo deberían haber mantenido la unidad con España, y no, como sucedió, que entonces se hicieron independentistas, precisamente porque en España había perdido la causa democrática, ante el giro a la derecha del reinstalado Fernando VII". Una lectura detenida de ambas posiciones de manera alguna puede llevar a la conclusión de que coincido con Sulé, sino precisamente que no coincido con él.
Como se comprende, el revisionismo rosista, por su rechazo de la Revolución Francesa, quiere ver en Mayo la defensa de la España tradicional (cuando asume esta posición, por ejemplo, Ibarguren cita una carta de Anchorena a Rosas elogiando la época anterior a 1810). Mitre, por su parte, quiso ver en Mayo el repudio a España, por eso habla de separatismo e independencia, centrados en el comercio libre, con lo cual Mayo se convierte en golpe probritánico.
La Izquierda Nacional rechaza ambas interpretaciones: entiende este proceso, de Alberdi en adelante, pasando por Manuel Ugarte, José León Suárez y otros, como la continuidad de la revolución democrática española en el Río de la Plata y en toda América Latina: "La revolución argentina es un detalle de la revolución de América, como ésta es un detalle de la de España, como ésta es un detalle de la revolución francesa y europea" (J. B. Alberdi, en Grandes y pequeños hombres del Plata). Por esta razón, Hispanoamérica se conmueve a través de movimientos antiabsolutistas, se producen los levantamientos al grito de "Juntas como en España" y los revolucionarios juran por el rey Fernando VII (salvo en la de Caracas, como bien apunta Ferrero, que tiene rasgos propios, como ya veremos luego). A su vez, los revolucionarios españoles declaran que los americanos tienen los mismos derechos que los españoles, que América no es colonia sino provincia de España con iguales derechos que las demás provincias y por eso, convocan a los americanos a las Cortes de Cádiz para dictar la nueva constitución. En definitiva, Mitre inventó un Mayo a su gusto, desde su "odio a España", para dar nacimiento a una patria signada por el comercio libre y el amor a los ingleses.
La posición de Ramos en Revolución y contrarrevolución…" respecto a la Revolución de Mayo es correcta y me sorprende que Ferrero no la comparta. De cualquier modo, como últimamente me han imputado que desde hace cuarenta años no hago más que repetir Revolución y contrarrevolución…" (en vez de escribir a favor del coronel Rico, por ejemplo, como otros) y como el mismo Ferrero nos junta a todos en la misma bolsa como "discípulos" de Abelardo, no voy a recurrir a esa fuente sino precisamente a la polémica sobre Mayo, entre Ramos y Frente Obrero. Luego, me atreveré a agregar algunos datos que corroboran la que considero la posición correcta.
Después de la aparición de América Latina, un país (1949), los integrantes del grupo Frente Obrero publicaron los Cuadernos de Indoamérica y allí se definieron sobre esta cuestión.
En América Latina, un país, Ramos hacía varias referencias al carácter independentista y antihispánico de la revolución de Mayo, como así también al efecto reaccionario provocado por el liberalismo francés en el Río de la Plata. Por ejemplo, en pág. 45 sostenía: "…Se desarrolló una burguesía intelectual, asfixiada por la estrechez de la actividad colonial y por la ausencia de posibilidades profesionales. Abogados, periodistas, literatos y militares criollos buscaban la ruptura". Luego, en pág. 64, agregaba: "La tradición ideológica de la revolución francesa, fundamental y fecunda para la lucha contra el feudalismo europeo antihistórico, resultó funesta para la evolución latinoamericana". Después, en pág. 67: "La oligarquía ganadera criolla exigía el comercio libre" y en pág. 73: "Los prohombres de la lucha contra España se habían nutrido del librecambismo británico: Moreno, Belgrano, Rivadavia, Pueyrredón, Alvear, admiraban a los fisiócratas… Su política fue una política antinacional por excelencia". (Evidentemente, ignoraba que Belgrano, en 1802, condenaba la exportación de materias primas como muy perjudicial, aconsejando su elaboración para exportar después artículos manufacturados).
La respuesta de Frente Obrero, a través de los Cuadernos de Indoamérica, bajo la firma de Enrique Rivera, fue la siguiente: "Ramos, aunque critica la historia oficial, revela que aún no se ha desprendido suficientemente de sus mitos. Acoge como moneda de buena ley la versión que ésta nos proporciona de la revolución de 1810 al asignarle como objetivos el librecambio y la independencia; aprecia que los efectos posteriores de esa revolución han sido desastrosos para América Latina y recurre precipitadamente al procedimiento de negarla de plano: el liberalismo fue reaccionario en nuestro continente, la independencia fue prematura".
Luego de hacer referencia al cambio de política económica realizado por España respecto a América -entre otras cosas, la apertura de 33 puertos para el comercio entre España y América y luego, el comercio libre, en época de Cisneros- sostienen: "El monopolio mercantil español no debe concebirse de acuerdo con la leyenda inglesa y oficial, que omite por completo la España borbónica y liberal, generalizando indebidamente estas estimaciones que sólo son plenamente válidas para el período de los Austrias. …Tanto la historia oficial como el revisionismo histórico, coinciden en considerar solo la España feudal, el primero para condenarla, el segundo para exaltar a la España eterna. Ramos, al rechazar la leyenda oficial, conserva empero la concepción de la España feudal de ésta, tendiendo así la mano al revisionismo histórico, forzosamente. Porque al ignorar la corriente liberal burguesa dentro del Imperio hispano en su conjunto y al presentar la revolución en América como producto de librecambio versus monopolio español, lo cual sólo podía ser la consigna inglesa, convierte a nuestro liberalismo histórico en simple agente ideológico y político del capital extranjero británico. Es por esto que tanto la historiografía oficial -que eso busca- como el revisionismo histórico -que también busca lo mismo para condenar al liberalismo- coinciden ambos en ignorar por completo a la España liberal, la relación real entre España y América Latina, que era la de una sola entidad nacional."
Después, señalan: "La invasión napoleónica, dictada por las necesidades de la lucha de Francia contra Inglaterra, corta este proceso (de liberalización impulsado por los borbones) y asistimos entones al levantamiento, guerra y revolución de España …Las Juntas erigidas popularmente en nombre de Fernando VII encaran, no obstante esta invocación, la transformación democrático-burguesa de España y extienden este movimiento revolucionario a América. Cuando ocurrió la revolución de 1810 estaba en trámite en nuestro país la elección de diputados a las cortes constituyentes que reunidas en Cádiz en 1812 declararon, en el artículo lro. de la Constitución, que la nación española estaba formada por los españoles europeos y americanos en un pie absoluto de igualdad. Precedentemente, las colonias habían sido declaradas parte integrante de la nación española (como provincias) y la elección de diputados en las mismas debía efectuarse por un procedimiento enteramente democrático, de origen español. Baste mencionar para ello que en la circular del 18 de julio de 1810, que la Junta dirige a las ciudades del interior, se establecía que las elecciones debían efectuarse de acuerdo a la ordenanza de 1809 de la Junta Suprema Central Revolucionaria de España."
Seguidamente, Frente Obrero acentúa la crítica a la versión mitrista: "Si la Revolución de Mayo de 1810 tuvo por objeto la independencia y el librecambio con los ingleses, o sea, el realizar la consigna de los ingleses ( si no podemos conquistar América, debemos independizarla, decía Castlereagh), si la clase que hace esa revolución es la oligarquía de importación y exportación, que no puede tener, por su propia índole, política propia, ni menos nacional, sino la del otro, la del capitalismo industrial, en este caso el inglés, debemos concluir forzosamente que nuestra revolución es exclusivamente inglesa. Esto, además de constituir un adefesio téorico, liquida completamente la cuestión, pues la lucha de los ejércitos de nuestros próceres contra el absolutismo español tendría entonces el objetivo de convertirnos en colonia inglesa. Ramos confirma esta conclusión: 'liberalismo, reaccionario en América Latina, progresivo en Europa'. Aquí no hay verdad concreta ni teórica, sólo el absurdo."
Después, sostienen: "España, la de la revolución y que en ella está unida con América, es justamente lo que omiten la leyenda oficial, el revisionismo histórico y el autor de 'América Latina, un país'. Resultado de ignorarlo: o se idealiza a los unitarios (esto lo hace la oligarquía) o se idealiza a Rosas (esto lo hacen 'los oligárquicos que el régimen desdeñó'). No existían en nuestro país ni en América Latina fuerzas materiales suficientes para desencadenar un revolución democrático-burguesa, aunque sí para apoyarla. El triunfo definitivo de la revolución dependía forzosamente de su victoria en el centro revolucionario. España, que dio el impulso que la desencadenó. La derrota del liberalismo español por obra de las fuerzas coaligadas de Europa, así como por sus propias vacilaciones, hizo estallar prematuramente la revolución, llevó a la separación de América y España y al predominio de la reacción sobre el ideario democrático (el liberalismo decayó en unitarismo)."
Luego se refieren a la invitación de las Juntas españolas para que los americanos se sumen a la revolución: "La Regencia, al enviar a América el decreto correspondiente, lo acompañó de una proclama que, por su contenido, es una incitación mucho más viva a la revolución que todos los manifiestos de la primera junta bonaerense". Pero, agregan, "recién entonces, cuando España está ocupada casi por completo por las tropas francesas y solo subsisten Cádiz y León, América se decide a formar, por primera vez, juntas revolucionarias, tal como en España, a nombre de Fernando VII y con consignas idénticas. En ninguna parte de América se proclamó la independencia sino el autogobierno por Juntas."
Luego, avanzan nuevos argumentos: "Preguntemos ahora, ¿por qué si se trata de una revolución nacional, no declaró la independencia (en 1810)? ¿Cuestión de táctica? ¿Qué movimiento va a subordinar a la conveniencia táctica la proclamación de su objetivo central? ¿Cómo una revolución por la independencia no ha de proclamar la independencia? ¿Quién la amenazaba? ¿España, ocupada e impotente? ¿Inglaterra, que no la veía mal? ¿Por qué la revolución asumió la misma forma organizativa que en España (la Jura por Fernndo VII) y en todas partes de América Latina, sin previo acuerdo? La respuesta cae de su peso. Porque la revolución en España y la revolución en América eran una sola y la misma. …Fue el triunfo del absolutismo en España, 1814, primero (de ahí la declaración de la independencia de 1816) y en 1820 y tantos, después, lo que determinó la separación definitiva." Sostienen luego: "Podemos pues afirmar que nuestra revolución es una parte de la revolución española, como ésta lo era de la europea y admirar la visión de Alberdi que así lo expresó. Toda esta conexión histórica ha sido omitida por los historiadores que han silenciado de manera injustificable todos los documentos de la época, que la gritan. ¿Por qué la historia oficial ha fijado como causas y fines de la revolución de 1810 el librecambio y la independencia? Simplemente porque a la oligarquía le es necesario vincular nuestro liberalismo a Inglaterra y Francia, metrópolis tradicionales de América Latina, así como últimamente han exaltado a Monroe. La influencia de estas grandes naciones democráticas resultaría así la causa de nuestro progreso frente a la España feudal. Es curioso comprobar en este sentido, que la influencia de la Revolución Francesa llegó hasta nosotros no directamente, sino través de España. Los liberales españoles tradujeron, imprimieron e hicieron circular por ese país las obras de los enciclopedistas y Rousseau. La famosa edición del Contrato Social hecha por Mariano Moreno era reedición de una traducción española. Belgrano, Bolívar, San Martín y muchos otros formaron su ideología liberal, como ellos mismos lo han dicho, en España. Belgrano salió de ella empapado con las ideas de Jovellanos, Floridablanca y los Borbones, con el fin de propulsar el desarrollo de la industria, la agricultura y el comercio en América. O sea, el sentido nacional de nuestra revolución, el auténtico, es desvirtuado. La realidad histórica es que nuestro liberalismo es parte del liberalismo de todo el Imperio, que nuestra revolución es parte de la revolución democrática en todo el Imperio y que solo en el conjunto de éste tenía base material suficiente. Al producirse la separación, nuestro liberalismo quedó constreñido a la base material que le proporcionaba la oligarquía porteña y se hizo antinacional, librecambista, portuario. …Nuestra revolución no fue, pues, una revolución nacional contra España, porque no existía una opresión de tipo colonial-nacional, sino de tipo feudal absolutista. …Quienes sufrían opresión colonial eran los indios, pero estaban muy distantes de los estadios características de la lucha nacional establecidos por el marxismo y además, el impulso revolucionario no partió de ellos sino de las capas y clases superiores de la sociedad hispana en América".
En otra parte de los mismos Cuadernos de Indoamérica, vuelven sobre el tema: "…Para Ramos, un Rivadavia o un Mitre son la consecuencia lógica de un Moreno, de un San Martín, de un Bolívar.". Más aún, se interrogan: "Si el liberalismo era funesto (según Ramos), ¿qué era lo no funesto? En aquella época, no existía otra cosa que oponer al liberalismo que la ideología feudal. Ramos no lo dice directamente, pero lo da a entender: era mejor que en América persistiese ésta (clericalismo, feudalismo) que aquel (liberalismo de la revolución Francesa)…. ¿Y para que querría Bolívar formar una nación latinoamericana si su objetivo, como 'terrateniente criollo', era comerciar con Inglaterra?"
Resulta interesante, por otra parte, que en los Cuadernos… se ocupan precisamente de dos cuestiones sobre las cuales ahora Ferrero manifiesta interés: Enrique de Gandía e Iturbide. Dicen así: "La reacción españolista verificada en el seno de la historia oficial (Levene, Gandía, etc.) refleja el cambio ocurrido en el país, a partir de 1943, pero lo hace exaltando los aspectos reaccionarios de España, presentándolos bajo luz rosa (así Levene va a buscar el origen de la ideología liberal de nuestros próceres en las leyes de Indias, que no son sino un monumento de hipocresía jurídica o en el padre De Las Casas, modelo de hipocresía religiosa; De Gandía llega a considerar el movimiento liberal español de 1808 como una tentativa de restaurar la España de los Habsburgos contra el despotismo borbónico. Ambos combaten la ideología liberal revolucionaria francesa, asimilada por España. Lo mismo hace Ramos. La fuente de todos ellos es bien clara: 'el nacionalismo' clerical franquista, que se da con distintos matices según su distinta ubicación política". Líneas después, agregan: "Hay otros aspectos. En la declaración de independencia mejicana intervino también el odio al liberalismo español. Es el caso de Iturbide, elemento al servicio del clero, que para no estar obligado a adoptar las reformas que el movimiento liberal de Riego imponía en esta materia, lanzó la Independencia y creó el Imperio."
 Concluida ya la reproducción de los aspectos principales de esta polémica Ramos-Frente Obrero en relación al tema de Mayo -en la cual Ramos sólo se limitó a aceptar las posiciones de Frente Obrero incorporándolas a Revolución y contrarrevolución…- corresponde agregar alguna otra información al respecto que puede ser esclarecedora:
1) Ferrero se refiere a "documentos y expresiones verbales de la época que están plagados de sentimientos antiespañoles que no se pueden ignorar."
Respecto a esta cuestión, en casi todos los casos se trata de críticas formuladas por españoles o hijos de españoles que en modo alguno reniegan de sus raíces sino que abominan del absolutismo español y no evidencian propósito separatista sino de reivindicación democrática. Inclusive en el caso del himno nacional cabría recordar que la música la compuso un catalán -Blas Parera- y que la obra se halla de tal modo enraizada en la tradición hispánica que muchos opinan que se tomó por base El canto de guerra a los astures, de Jovellanos. Otros, en cambio, le encuentran similitud con La Marsellesa. Pero lo que interesa destacar es que la primera Marcha Patriótica, de Esteban De Luca, de noviembre de 1810 tiene un contenido netamente democrático y carece de referencias de tipo separatista; en cambio, estas últimas aparecen en el Himno Nacional, de Vicente López y Planes, que aparece en mayo de 1813. (A medida que transcurre el tiempo y la revolución democrática española no consigue triunfar, entre 1810 y 1814, se percibe como se acentúan las posiciones separatistas en América).
2) No debe descartarse que en algunos casos existiesen, desde 1810, intenciones separatistas (tanta era la presión de los comerciantes ingleses radicados en Buenos Aires para alejarnos de España ). De aquí viene la errónea visión de una España expresión del atraso y la barbarie (sin reparar en las clases sociales que la integran: España es Carlos IV, pero también De Riego; Franco pero también los mineros anarquistas de Asturias ). Sarmiento usa este antihispanismo para enriquecer su "civilización y barbarie": Europa es la civilización -dirá- pero "viajé a Europa y también a España". Pero, de cualquier modo, esas inquietudes separatistas eran absolutamente minoritarias. De otro modo no se explica el juramento de los revolucionarios por Fernando VII (repetido en casi todas las revoluciones producidas en esa época en América), ni la prohibición a Belgrano de levantar bandera propia y menos aún que hasta 1814 flamease, en el Fuerte, la bandera española.
3) El caso de San Martín lleva a conclusiones contundentes. Llevado a España a los 7 años por su familia, regresa al Río de la Plata, a los 34, siendo teniente coronel del ejército español, veterano de guerra con 30 batallas bajo la bandera española. ¿A qué viene? Es un hispanoamericano "que hablaba como un gallego" que desea continuar en América la lucha por "el evangelio de los Derechos del Hombre" (como él llama al liberalismo democrático). Por eso, no reclama independencia hasta que después de 1814, cuando retorna el absolutismo en España, le urge la declaración en cartas a Godoy Cruz. Puede observarse en las proclamas de San Martín que el enemigo siempre es el godo, el sarraceno, el chapetón, el realista, el monárquico, el absolutista, nunca el español. ...si él mismo lo era, en gran medida. Si Mayo fue separatista y antiespañol, como afirma Mitre, entonces tiene razón Juan Bautista Sejean, en su libro San Martín y la tercera invasión inglesa: la única explicación de la venida al Río de la Plata de este veterano de guerra del ejército español (San Martín) obedece a que lo sobornaron en Londres. Y en ese caso, si el Padre de la Patria es un agente inglés, ¿para qué perdemos tiempo en polémicas?
Estas reflexiones no son originales mías -pues, como ya se ha dicho, todos repetimos Revolución y contrarrevolución… desde hace medio siglo- sino de un hombre a quien se silenció su obra sobre San Martín (Augusto Barcia Trelles), de 2600 páginas, porque ella se contraponía, en esta y otras cuestiones, a la biografía del Gran Capitán escrita por Mitre. Por otra parte, San Martín fue claro: "La Revolución de España es de la misma naturaleza que la nuestra: ambas tienen a la libertad por objeto y a la opresión por causa" (8/9/1820, Chile, A los peruanos), "Nuestra lucha no era un guerra de conquista y gloria, sino enteramente de opinión: guerra de principios modernos y liberales contra los prejuicios, el fanatismo y la tiranía" (testimonio de Basilio Hall).
4) La presencia de españoles en Mayo también avala esta interpretación: estaban, y no en segunda fila, españoles como Matheu y Larrea, en la Primera Junta, Alvarez Jonte en el segundo triunvirato, Arenales como brazo derecho de San Martín en la campaña de la sierra del Perú. Asimismo, el resto de revolucionarios era, en su mayoría, hijos de españoles. Además, French y Berutti repartían estampitas con la efigie de Fernando VII en los días de Mayo, según atestiguan las memorias de hombres de esa época, hecho omitido intencionalmente por Mitre para fabricar su mayo "antihispánico", con cintas celeste y blancas.
5) Asimismo, las figuras más reaccionarias que combatieron a la Revolución en América no fueron españoles, como pudiera pensarse, sino americanos de nacimiento, como el caso de Goyeneche en el Alto Perú y de Olañeta, que dirigió el último ejército absolutista, persistiendo, aún después de Ayacucho, contra las fuerzas de Bolívar.
6) También resulta interesante el manifiesto del Congreso de Tucumán, del 25 de octubre de 1817, donde se señala que, en 1810, "…nosotros establecimos nuestra Junta de gobierno a semejanza de la de España. Su institución fue puramente provisoria y a nombre del cautivo rey Fernando". Como se comprenderá, resulta absurdo suponer que todavía siete años después se continuara mintiendo con la "máscara de Fernando". Por otra parte, en el mismo Manifiesto se explica que "el único partido que quedaba" era la independencia, a partir de 1814, dado el giro a la derecha del rey Fernando repuesto por la Santa Alianza, es decir que no hubo proyecto separatista en 1810.
7) En lo que se refiere al independentismo levantado por los venezolanos en 1811, resulta de utilidad el libro de Juan Bosch titulado Bolívar y la guerra social, donde demuestra que el pueblo no estaba con ese movimiento sino con jefes españoles (democráticos) como Monteverde y luego, Boves. Sostiene Bosch: "Para la gran masa el problema no estaba planteado en términos de colonia o independencia, sino en términos de gobierno del rey o gobierno de los mantuanos (oligarquía caraqueña) y la gran masa prefería el gobierno del rey porque la monarquía (borbónica) con medidas procedentes de Madrid, pero sobre todo a traves de sus funcionarios destacados en Venezuela, había probado ser más benévola con ella que los grandes señores criollos" (Bosch, Bolívar y la guerra social, pág. 64). Solo tiempo más tarde Bolívar entra plenamente al proceso revolucionario, con apoyo popular.
8) En un libro sobre la Revolución de Mayo que publiqué en 1994 reproduzco la siguiente opinión de Manuel Ugarte referida a los sucesos de 1810: "Españoles fueron los habitantes de los primeros virreinatos y españoles siguieron siendo los que se lanzaron a la revuelta. Si al calor de la lucha surgieron nuevos proyectos, si las quejas se transformaron en intimaciones, si el movimiento cobró un empuje definitivo y radical fue a causa de la inflexibilidad de la metropoli. Pero en ningún caso se puede decir que América se emancipó de España. Se emancipó del estancamiento y las ideas retrógradas que impedían el libre desarrollo de su vitalidad… ¿Cómo iban a atacar a España los que, al arrojar del Río de la Plata a los doce mil hombres del general Whitelocke, habían firmado con su sangre el compromiso de mantener la lengua, las costumbres y la civilización de sus antepasados? …Si el movimiento de protesta contra los virreyes cobró tan colosal empuje fue porque la mayoría de los americanos ansiaba obtener las libertades económicas, políticas religiosas y sociales que un gobierno profundamente conservador negaba a todos, no sólo a las colonias, sino a la misma España. …No nos levantamos contra España sino en favor de ella y contra el grupo retardatario que en uno y en otro hemisferio nos impedía vivir" (Manuel Ugarte, Mi campaña hispanoamericana, Barcelona, Edit. Cervantes, 1922, pág. 23)
9) José León Suárez en Carácter de la revolución americana (1917) y Enrique Del Valle Iberlucea en Las Cortes de Cádiz. La revolución de España. La democracia en América (1912) también retomaron la interpretación de Alberdi pero encontraron el mismo obstáculo: el predominio de la historia mitrista, por lo cual sus libros fueron silenciados.
10) Sin embargo, la situación se ha tornado hoy muy interesante pues la Historia Social, que desde su aparición en 1956, con José Luis Romero y Halperín Donghi viene aceptando la versión mitrista que ellos, según propia confesión, intentan remozar, se encuentra en figurillas para mantener la interpretación de Mayo dada por Mitre. Enfrentados al grave problema de disentir con don Bartolo, los principales historiadores de esa corriente están replegando gradualmente para sacar las manos de la trampa y seguramente, dentro de unos años, van a sostener que ellos descubrieron que Alberdi, Ugarte y Suárez tenían razón al decir que Mayo era democrático y no separatista.
Por ahora, Luis Alberto Romero afirma: "Hace tiempo que los historiadores profesionales, los historiadores en serio, vienen criticando esta explicación (la versión mitrista de Mayo). Coinciden en que los sucesos de Mayo de 1810 no fueron el fruto de un plan previo sino la imprevista consecuencia de un evento lejano …Un grupo de vecinos se hizo cargo del gobierno, de manera provisoria, sin saber bien para quién ni contra quién …(Los historiadores) estamos lejos de lo que se enseña en la escuela y también del sentido común. Sin duda hay una brecha que debe ser cerrada pues en Historia, tanto como en Física o Matemática, no puede admitirse tal distancia entre el saber científico y el escolar. Pero hay que hacerlo con cuidado. Este relato mítico (sobre Mayo) es hoy uno de los escasos soportes de la comunidad nacional" (Clarín 24/5/2002). (En verdad es soporte de una conciencia colonial, no nacional, una de las tantas "zonceras" de que hablaba Jauretche que, el mismo Romero reconoce, "inventó" Mitre). Otro historiador, Raúl Fradkin, admite ahora que "los ejércitos que respondieron al llamado bando realista no fueron, en su gran mayoría, ejército de operación extranjera reclutados en la península ibérica, sino que la mayor parte de estas tropas y muchos de sus oficiales fueron reclutados en América. En tal sentido, las guerras de independencia fueron también guerras civiles…" (Clarín 17/8/2005). Más contundente aún, otro historiador de la misma corriente -Juan Carlos Chiaramonte- sostiene: "Había un relato escolar, que creo que ya no se cuenta más, según el cual todos los criollos querían ser independientes, pero en 1810 los realmente independentistas eran una absoluta minoría. La mayoría aspiraba a un status de mayor autonomía dentro de la monarquía …Lo que hay en 1810 es el intento de constituir un órgano de gobierno que dos días después del 25 de mayo se declara representante de la soberanía del monarca preso. No se forma una junta de gobierno independiente, sino una junta de gobierno que reasume la soberanía porque el trono está vacante y que la va a conservar para cuando el trono esté nuevamente cubierto. Esto fue interpretado como una simulación, pero creo que en la mayoría de la gente de la época no fue una simulación …La historia inventa un pasado que a veces no es el pasado que realmente hubo, en función de las necesidades del presente" (Clarín, 24/5/2004)
Sin embargo, Chiaramonte es muy optimista respecto a la revisión de nuestra historia, pues el Departamento de Historia del Colegio Nacional Buenos Aires, hasta hace muy poco tiempo, continuaba sosteniendo la tesis de la "máscara de Fernando VII": "…La instalación, el 25 de mayo, de la Junta Provisonal Gubernativa, se hizo a nombre de Fernando VII. La 'máscara de la monarquía' constituiría, todavía por algún tiempo, un recurso indispensable para entenderse con el Viejo continente." (Fasc. 13, Historia Argentina, desde la prehistoria hasta la actualidad, dirección, Profesora Aurora Ravina)
Esta cuestión me lleva al interrogante: ¿Festejaremos en el 2010, una vez más, una fábula probritánica o daremos la polémica profunda para encontrar nuestra identidad nacional, para saber quiénes somos, condición fundamental para avanzar con las transformaciones que nos urgen y a las cuales nos convoca ya la historia latinoamericana y especialmente, el reclamo de los pueblos que constituyen la Patria Grande?

NORBERTO GALASSO. Buenos Aires, diciembre 12 de 2005

 

 

 
 
 
 
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