El PSIN ha lanzado la idea de formar un Frente de Izquierda Popular para afrontar las próximas luchas políticas. Transcribimos la declaración del XXI Pleno del CEN del PSIN, dada a conocer en Córdoba el 18 de septiembre.
El movimiento popular, a partir de mayo-junio de 1969, cambió sustancialmente la correlación de fuerzas en su enfrentamiento contra el régimen. Ello determinó que en el solo transcurso de nueve meses el país debiera padecer tres presidentes. La incontrastable marea de las movilizaciones populares provincianas, enmarcadas en el repudio unánime del pueblo argentino a los sucesivos gobiernos de la mal llamada Revolución Argentina, forzó al régimen a batirse en retirada, apelando a diversas "fórmulas salvadoras": primero, Levingston con su seudo tentativa de nacionalismo populista sin romper con el imperialismo, y luego, la apertura electoral, a través de Lanusse. Allí surge el "Gran Acuerdo Nacional". Con él tiende a darse una base de estabilidad al tambaleante sistema oligárquico, merced a la incorporación del peronismo al sistema institucional, limando al máximo su poder de enfrentamiento, pretendiendo lograr un acuerdo concertado en la candidatura a la Presidencia, mediante la renuncia de Perón y el consentimiento de los Altos Mandos Militares.
Ello ha obligado a Lanusse a realizar una serie de hechos que, como la restitución de los restos de Eva Perón, el reconocimiento del status jurídico de no exiliado del Gral. Perón en Madrid, así como la repentina fijación de fecha cierta al calendario electoral, muestran más que la fortaleza del régimen, su debilidad y su impotencia. Pero no le queda otro camino; por sí solo no puede ni avanzar ni retroceder: he ahí su tragedia.
El inesperado apresuramiento producido al asumir el compromiso público de dar elecciones libres en fecha determinada, se explica por la presencia de un sector gorila de las Fuerzas Armadas, cada vez más hostil a esa política, ante la sola posibilidad del retorno del peronismo al poder.
Digno es de remarcar que tan histérica negación de la eventual expresión de la soberanía popular, se expresa ante la inusitada revitalización que pretende darse a los Comandos Civiles, que piden a coro con insaciable revanchismo "la cabeza de Perón". Mientras, Federico Toranzo Montero, hace público anuncio del propósito de llevar al país a la guerra civil, como única manera de negar el imperio de la voluntad del pueblo.
Ellos son quienes en nombre de la pacificación incitan a la guerra civil, en nombre de la democracia pretenden continuar con el autoritarismo despótico de las minorías, y en nombre del "orden" quieren instaurar el caos, con tal de mantener sus privilegios. Pero no están solos. En esto coinciden, como es habitual en América Latina, con toda la izquierda cipaya. Por un lado, el P.C., que propone la sustitución del actual gobierno por otro, provisional, que solo podría ser prohijado por aquellos mandos más reaccionarios que habiendo sido el sostén de Onganía y Levingston se oponen a la actual política. Por otro lado, la ultraizquierda que enarbolando un insurreccionalismo abstracto, practica, en concreto, una política coincidente con los intereses reales de los Toranzo Montero, López Aufranc y el imperialismo. Todos esos sectores coinciden en una sola cosa: su antiperonismo.
Como en octubre del 45 y febrero del 46, una nueva opción se abre al país: con el pueblo y la clase obrera, o contra ellos. Pero las masas no se engañan. Así como las movilizaciones populares forzaron la apertura electoral del régimen, sólo la continuación de ellas, podrá garantizar la realización de las elecciones y el respeto al triunfo de la voluntad popular. Por ello, convocamos a todo el pueblo a la lucha por la defensa de la soberanía popular, contra toda clase de fraude o proscripción que el régimen, en un repliegue sobre sí mismo, intente establecer.
Frente al proceso eleccionario ya abierto, el Socialismo de la Izquierda Nacional expresa su irrenunciable vocación de aprovechar hasta el último resquicio de legalidad que el régimen se vea obligado a otorgar, para hacer pública expresión de sus ideas, vigorizando el cauce de las luchas en la nueva etapa que comienza.
Damos nuestro apoyo crítico a los movimientos nacionales que, como el Yrigoyenismo y el Peronismo, han encarnado o encarnan las aspiraciones del conjunto del pueblo en su lucha antiimperialista. Ello no importa desconocer sus históricas limitaciones que les impidieran, a su tiempo, expropiar las bases materiales del poder oligárquico, para evitar, de esa manera, el retorno de la reacción al poder. Acompañamos sus luchas y sostenemos sus reivindicaciones nacionales y democráticas, pero lo hacemos desde un punto de vista independiente, con una perspectiva revolucionaria y proletaria, en miras a la instauración definitiva del Socialismo en el país.
Pero en el absoluto convencimiento de que solo un Gobierno Obrero y Popular, podrá hacer efectivas las banderas de Independencia Económica, Soberanía Política y Justicia Social, hemos de sostener nuestro programa a través de un Frente de Izquierda Popular que, sin partidismos y con una amplia bandera de Izquierda Nacional, sepa dar cauce a la verdadera vocación revolucionaria, nacional y democrática del Pueblo Argentino.
Hacemos un público llamado a la joven generación de argentinos que estén dispuestos a romper las barreras del Estatuto-Trampa, que intenta amordazar a las nuevas fuerzas que se han expresado en el país a partir del 29 de mayo de 1969, a engrosar las filas del Frente de Izquierda Popular. Y también a quienes, queriendo sentirse protagonistas de su propio destino estén dispuestos a ofrecer a la Nación la verdadera opción obrera y popular que, en definitiva, será quien ponga fin a la crisis del sistema oligárquico, a la dominación del imperialismo y abrirá la perspectiva revolucionaria hacia la instauración del Socialismo en la Argentina, dentro del marco de Unidad de la Patria Latinoamericana.