Argentina,
 
 
   

DISOLUCIÓN del MPL e incorporación de sus fuerzas al movimiento justicialista

Julio 30 de 1994

Se ha empezado a discutir en el partido una idea de capital importancia. Se trata de disolver sus estructuras orgánicas e incorporar nuestras fuerzas al movimiento justicialista.

1.¿ Esto es deseable y es posible? ¿En qué medida tal decisión puede beneficiar a la línea histórica de la Izquierda Nacional y robustecer a las fuerzas de la Revolución Nacional, gran parte de las cuales y a pesar de las apariencias, hoy se encuentran, les guste o no, en el Movimiento Justicialista? Empecemos por decir que el peronismo se encuentra hoy en un callejón sin salida. También es cierto que nosotros, las mujeres y los hombres del MPL, nos encontramos en una situación similar.

2. Pero no hay situación sin salida, para bien o para mal. Después del retorno triunfal de Perón en 1973, su muerte puso en evidencia la decadencia del peronismo. A su vez, la dictadura le asestó una puñalada fatal. La desintegración de la clase obrera ensanchó el área de los marginales y los pequeños comerciantes. Ambos fenómenos dieron como resultado una curiosa coyuntura. La aparente invencibilidad electoral del peronismo sufrió un duro contraste en 1983. El más lastimoso y agotado partido de las clases medias, el radicalismo, vestigio petrificado del pasado, volvió al poder. En la trayectoria del peronismo era su primera derrota electoral. Podría no ser la última.

3. La historia no es precisamente un lugar donde ocurren cosas agradables. Aquel peronismo de 1945 y 1946, expresión de la prosperidad argentina sobre la que reposaba la alianza entre el ejército y clase obrera, ha desaparecido. El Frente de clases se disolvió. Se agotó el impulso revolucionario de los jóvenes oficiales. Los dirigentes sindicales septuagenarios de hoy, más o menos corrompidos, sólo aspiran a reclamar algo de tolerancia de los patrones y de Cavallo. A los jactanciosos tecnócratas del Ministerio de Economía, los representantes de la clase destinada a terminar con todas las clases e instaurar el reino de la libertad, sólo les imploran menos despidos. Pero es que Cavallo ha sido educado en Harvard y es un asalariado de la Fundación Mediterránea, compuesta por patrones, y no por sindicatos. La vieja oligarquía pampeana tiende a ser sustituida por empresarios capitalistas de cultivos intensivos. No le queda poder político considerable. El Ejército ha dejado de ser "un fragmento de Constitución". Castigados por sus propios crímenes, los generales de 1955 y los comandantes sucesivos, estupidizados por el anticomunismo y el antiperonismo, sólo supieron traicionar a Galtieri cuando la Guerra de Malvinas y hacer mutis por el foro. La izquierda se ha volatilizado. El colapso colosal del sistema stalinista a escala mundial ha puesto en discusión a todo Marx, a todo Lenin, a todo Mao y al significado, sentido y perspectiva del socialismo. Todo ha cambiado y todo debe ser repensado y replanteado.

4. Tampoco nosotros estamos como una lechuguita fresca. El tiempo galopa para todos. Hacia 1940, la putrefacta tradición de la izquierda socialista y marxista en la Argentina sólo se ocupaba en interpretar a la Argentina según el espejo curvo de Europa o Asia. Los jóvenes de aquel tiempo inauguramos una nueva escuela de pensamiento que consistió en examinar a Europa y Asia desde la Argentina. Nuestro examen no se redujo a la política, Sino que también abarcó la historia, la economía, la literatura y las costumbres. Buscábamos un camino nacional para perspectivas socialistas, donde la clase obrera fuese algún día no sólo "la columna vertebral" del movimiento nacido en 1945, sino también su cabeza. Ante el horror de la canalla progresista e izquierdista apoyamos a Perón desde 1945 en adelante.

5. Semejante conducta nos condenó a una proscripción periodística, doctrinaria y política, que no ha cesado, entre las llamadas clases cultas, los estudiantes, los intelectuales y los medios de comunicación. No se nos podía despreciar como a los peronistas, cuya causa defendíamos de manera irrefutable. De modo que la Argentina antinacional sólo podía reservarnos odio y silencio.

6. Durante medio siglo "cabalgamos al costado" del peronismo, en las buenas y en las malas, más bien en las malas. Enseñamos a media Argentina que era el peronismo, pero nos quedamos afuera. La tesis más o menos explícita, era la siguiente: en algún momento, la clase obrera reclamaría más poder en el frente de clases, cuya ala socialista externa éramos nosotros, los iluminados. Sobrevendría un reacomodamiento de tales fuerzas. Se "profundizaría" el cauce de la revolución iniciada en 1945. Los sectores políticos burgueses del peronismo, en el combate interno del Frente de clases, serían desplazados y se avanzaría hacia un gobierno obrero y popular. Esa sería "nuestra hora", en un impreciso porvenir. Mientras tanto, nuestro deber era apoyar a Perón, que era la encarnación histórica de las masas populares y al movimiento justicialista, que era el cauce que los acontecimientos habían cavado para que corriera el inmenso caudal.

7. Pero las cosas no ocurrieron así. En el propio PSIN y en el FIP luego, las cosas no estaban las claras como en los hermosos diagramas de la gran cabalgata histórica. Cabe recordar que desde su origen, el PSIN fue una especie de compromiso entre militantes provenientes del Partido Socialista Argentino, trotskystas de origen stalinista universitario como Spilimbergo y sobrevivientes de la vieja época (1940-1944) como Carpio y Ramos. La situación interna del PSIN, que se manifestó a plena luz en el FIP, era aproximadamente la siguiente: la mayoría juvenil, integrada por estudiantes, sostenía a Spilimbergo, que en cada ocasión aparecía como más "marxista" que Ramos, lo que era cierto. A Ramos se lo veía, quizás por ser mayor que él resto como un respetado (más o menos) tañedor de balalaika. Siempre teníamos una izquierda alerta a todas las desviaciones oportunistas de derecha, (o sea nacional).

8. Esta situación derivó en un estallido público en el Fortin O, en la Costanera, donde el FIP celebró una gran comida con 700 comensales, para festejar el triunfo electoral del 23 de septiembre de 1973. Spilimbergo pronunció un discurso donde calificó a Perón como al "Jefe del ejército de la clase enemiga", en una brumosa y súper abstracta analogía con la historia de la revolución china y el General Chiang-Kai-Shek, que ya en esa época había sido olvidado o nadie lo conocía. Este discurso causó conmoción entre la concurrencia. No pocos asistentes peronistas se retiraron. Al clausurar el acto, Ramos pronunció un discurso básicamente diferente. Señaló a Perón como al Jefe de la Revolución Nacional en marcha y brindó por su salud.

9. Estas disputas internas en general ponían de relieve algo interesante. Muchos intelectuales de izquierdas comprendían al peronismo y se esforzaban por interpretarlo, cuando Perón estaba en el exilio y el peronismo fuera del poder. Pero cuando Perón estaba cerca y para peor, el justicialismo asumía el gobierno, renacía en todos ellos (incluidas nuestras propias filas) la repulsión hacia el movimiento nacional. En definitiva, y así lo enseña la experiencia, nunca terminaba de gustarles, ni el Perón de la primera época, ni el Perón de la última etapa, ni la de Isabel Perón, ni ahora Menem.

10. Creo que nuestro movimiento ha conocido tres crisis graves, si dejo de lado las deserciones individuales, nacidas de diversas causas, sea hastío de la política sin gratificaciones, perspectivas profesionales, ideales conyugales varios, aunque en todos los casos tales deserciones se maquillaban con diferencias doctrinales de importancia. La primera de las crisis mencionadas fue encabezada por Ernesto Laclau. Había ingresado al PSIN con un numeroso grupo de estudiantes universitarios y egresados, casi todos de la Facultad de Filosofia y Letras, entre los cuales se destacaban Blas Alberti, Analía Payró y otros. Era un grupo intelectual de gran valor. Pero se encontraron ahogados en un pequeño partido, marginados en el corazón de la gran Capital. Como todo el resto del partido, luchó denodadamente para abrir un camino hacia los obreros. Esa tentativa fracasó. Los obreros nos ignoraban por completo. Eran peronistas. El único obrero que Laclau encontró en el PSIN, era justamente un obrero metalúrgico, fundador de la UOM y luego dirigente del sindicato de obreros de la pintura. Era Fernando Carpio, descendiente de guaycurúes santafesinos y auténtico revolucionario. Quizás a causa de su cultura y su refinamiento, su visión de un proletariado abstracto, similar a los admirados modelos bibliográficos, Laclau sentía horror por Carpio, que era un obrero de carne y hueso. Pero era el único obrero que teníamos. Todos los demás estaban con Perón. Carpio, para nosotros, era el símbolo del futuro proletariado. Pero no puede hacerse política solamente con símbolos. Laclau llegó a la conclusión de que el partido carecía de una táctica para llegar a las masas. Renunció, junto con sus amigos al PSIN y se marchó a la Universidad de Essex, en Inglaterra, donde reside desde 1969. Por cierto que se trató de una gran pérdida intelectual para nuestro movimiento.

11. En párrafos anteriores me he referido a la disidencia con Spilimbergo respecto a la naturaleza del peronismo y de Perón. Durante la dictadura, y a lo largo de un largo año, el FIP desarrolló un Congreso postal en el curso del cual se debatieron los temas centrales de la sociedad argentina y en particular, el peronismo. Los textos que numerosos compañeros escribieron en esa ocasión llenaron un volumen de 500 páginas. Spilimbergo profundizó sus críticas no sólo al peronismo sino también a los sindicatos obreros. Pocas veces en la política argentina, y mediante el empleo de un lenguaje socializante, el peronismo sufrió una crítica mas corrosiva e injusta. Y provenía nada menos que de la Izquierda Nacional, aunque tales críticas encontraban su fuente nutricia en la otra Izquierda. En ese momento, Menem, Lorenzo Miguel y la Presidenta Isabel Perón estaban en la cárcel. Spilimbergo adelantaba en un documento la idea de que la historia usaría de algún modo a la dictadura militar para destruir al peronismo y abrir el camino a una verdadera dirección revolucionaria. La ruptura con semejante tesis y sus sostenedores se hizo inevitable. Posteriormente el grupo de Sipilimbergo sufrió drásticas reducciones en sus miembros, a medida que sus inspiradores apoyaban sucesivamente a Cafiero contra Menem, a Menem en un momento, luego a Ubaldini contra Menem, más tarde a grupos marginales como el de Garcia Della Costa, también contra Menem y finalmente pugnó por entrar al Frente Grande. La pérdida del rumbo había sido total.

13. Sería reiterativo evocar en detalle el conflicto con los compañeros de Santa fe y su aliado fronterizo Carlos del Campo. Sus disidencias no alcanzaron nunca la jerarquía de la razonada palabra escrita. Superficialmente parecían emotivas manifestaciones de un localismo cerril, o de una compacta secta estudiantil de cuarentones, recelosos del pensamiento nacional del partido. Pero los hechos probaron que, en el fondo, tampoco a ellos el peronismo les resultaba satisfactorio. Terminaron por solicitar sin éxito, su incorporación a los comandos irregulares del loco Rico. Fueron rechazados, salvo Del Campo, en quien Rico encontró su perfecto alter ego. Compañeros de gran capacidad militante, pero de poca cabeza política.

14. Es muy reciente la crisis con el grupo dirigido por Guerberof y Blas Alberti. Este último, después de su renuncia al partido junto a Laclau, había retornado a nuestras filas dos o tres años más tarde. Todos recuerdan la Convención en que estos compañeros decidieron romper con el MPL: Su tesis consistía en considerar al gobierno de Menem un gobierno pro imperialista y entreguista. Blas Alberti propuso fijar una fecha para anunciar nuestra ruptura con el gobierno. Uno de los mas ardorosos partidarios de esta política era Balmaceda, cuyas coincidencias mentales con Del Campo son de sobra conocidas. El otro era el Hermano Cangiano. Era el último monje trapense del marxismo petrificado en los altos hornos de la calle Corrientes. En un momento dramático de la Convención, extrajo documentos auténticos de la revista "Octubre" de 1946, probatorios de que lo que había escrito el joven Ramos en esas fechas, era totalmente diferente a lo que sostenía un anciano, del mismo nombre, presente en la Convención. Esto era, desgraciadamente, casi cierto. La escisión era importante y se convirtió en insignificante. El grupo también se vaporizó. Muchos abandonaron la lucha política, otros, como decía Gramsci, prefirieron dedicar sus energías a su mujer. Otros, en fin, iniciaron un curioso recorrido en el mercado de ofertas de la charca pequeño burguesa porteña. Creo que tanto los raleados amigos de Spilimbergo como los de Guerberof se encontraron sin ninguna dificultad en la plaza de Mayo semivacía de la marcha federo-unitaria.

15. Retomemos el hilo de la exposición. En vida de Perón era un disparate que alguien soñara en formar una "línea interna". Tampoco había "dirigentes". Esta especie, peor que el sorgo de alepo, floreció después de la desaparición del caudillo. No había discusión interna ni elecciones internas, por supuesto. El P. Peronista, durante los 10 años de gobierno de Perón, permaneció intervenido en todos sus distritos. No es que los políticos peronistas de esa época fueran mejores que los de hoy. Es que Perón les tenía a todos ellos en un puño., como a la prensa, a la economía, la justicia y hasta a la AFA (Asoc. de Fútbol Arg.). De otro modo no hubiera podido adoptar las medidas revolucionarias que distinguieron sus dos primeros gobiernos. En esa época era impensable que nuestra pequeña tendencia decidiera ingresar al justicialismo. Por nuestra propia condición, si es que seguíamos fieles a ella, seríamos un factor de conflicto, de rencilla ideológica. Hubiéramos perturbado un proceso revolucionario en marcha.

16. Poco antes de la muerte de Perón apareció a plena luz un proceso de descomposición explosiva del justicialismo, que obligó al propio jefe del movimiento poco tiempo antes de morir, a expulsar de la Plaza de Mayo al grupo terrorista Montoneros, infiltrado en el justicialismo. Después del 1 de julio de 1974 y hasta hoy se han producido dos fenómenos correlativos en el justicialismo: uno, es la pérdida del impulso revolucionario; y dos, un democratismo interno devastador que no respeta ni al Presidente de la República. En la esfera de nuestro partido, a su vez, por obra de nuestras compañeras, ha nacido un formidable movimiento social, de inéditas características, bajo la organización sindical de las Amas de Casa. la mayor parte de las cuales son presumiblemente peronistas, aunque actúan bajo la conducción de nuestras compañeras.

17. No pocas compañeras y compañeros se han preguntado muchas veces acerca de las razones por las cuales no crecemos. Creo recordar que algún compañero reprochó al partido carecer de una política para las clases medias. Tenía razón. Si en gran parte las clases medias están educadas bajo la presión del imperialismo cultural, y la clase trabajadora continúa en su mayor parte bajo la influencia del peronismo, sólo podíamos constituir un pequeño ejército de propagandistas, capaces de explicar todo lo humano y lo divino, pero limitados en nuestra acción política. Fuimos rompiendo parcialmente tal cerco de hierro, mediante alianzas, no siempre afortunadas, con sectores del peronismo. Pero en estos casos aparecíamos con frecuencia como algo que no se puede mostrar a las visitas, como un secreto de familia, hay un cadáver en la leñera, en fin, algo clandestino. De estos se aprovechaban naturalmente los "compañeros peronistas". Para qué voy a dar ejemplos? No sé si dejo algún cabo suelto.

18. Por qué ahora, precisamente ahora, se plantea esta salida? En primer término, porque estamos en condiciones de hacerlo y romper el aislamiento institucional-partidario. En segundo lugar, así como nosotros necesitamos del justicialismo, nunca como hoy el justicialismo necesita de nosotros. Por un lado, la existencia legal de líneas internas es un hecho corriente en el Partido Justicialista. Todas son líneas o municipales, o provinciales. No hay una sola línea nacional. Ni siquiera cuenta con una el Presidente. De adoptarse el criterio que estamos analizando, la nuestra sería la única nacional. Con justicia, sería la única auténticamente nacional, no sólo en el sentido geográfico sino político e histórico.

19. Quiénes reivindican hoy las grandes banderas del peronismo del 45, fuera de nosotros? Algunas de ellas son banderas comunes con las del MPL. Cuando las jornadas del 17 de octubre, la gente de FORJA, con Arturo Jauretche a la cabeza, disolvieron la agrupación para permitir a sus afiliados en todo el país incorporarse al movimiento naciente que aún carecía de nombre. Los forjistas inyectaron al movimiento sin nombre la tradición yrigoyenista, y latinoamericanista, originaria de Ugarte, el APRA y la revolución mexicana. Socialistas, nacionalistas, comunistas y hasta trotskystas entraron al gran movimiento en esa época. De tales componentes salió el peronismo. Aunque oficialmente todo eso se ha olvidado, en la conciencia profunda de las masas vive y despertara a su hora.

20. Decíamos hace un momento que el peronismo hoy necesita de nosotros. No es difícil explicarlo. El peronismo se encuentra despedazado. Ha perdido un millón de votos. Aventureros como Rico o pelafustanes como el Chacho Álvarez le han arrancado a dentelladas pedazos de su gran caudal electoral. Desde otro ángulo, todo el aparato electoral del justicialismo es hostil al Presidente Menem, pero de todo el peronismo, Menem es el único sobreviviente del Titanic que vale la pena sostener. A pleno fuego se ha desatado la batalla por la conquista del gobierno en 1995. Las fuerzas en presencia las conocemos y los artículos del último numero de LPG ofrecen un cuadro de ellas. La victoria de Menem se encuentra lejos de estar asegurada. Por el contrario, las limitaciones burguesas de la política de Cavallo, que sólo piensa en las cuentas fiscales y en el Fondo Monetario Internacional amenazan esa victoria.

21. El ingreso de nuestras fuerzas, entendiendo claramente al SACRA entre ellas, puede modificar la situación. Seríamos una línea interna, con tantos derechos como las demás, pero con una fuerza de movilización arrasadora que son las mujeres del SACRA. Ya no podría haber más "traiciones" poselectorales, sino juego limpio y nuestras compañeras y compañeros procurarían las posiciones o cargos que resultarían de la verdadera relación de fueras.

22. Objetivos de lucha: Reelección de Menem. Derechos de las mujeres, Mercosur y unidad latinoamericana, democracia directa y revocabilidad de los mandatos, reconstrucción planificada de las economías provinciales, una nueva economía no al servicio de la productividad capitalista sino al servicio de la actividad laboral. Nuestras grandes figuras revolucionarias Manuel Ugarte, Juan Perón y Eva Perón.

23. Y nuestra identidad política e ideológica? No corremos peligro de desintegrar nuestra tradición, el caudal de nuestras ideas? No corremos el peligro de corrompernos en las dulzuras del poder o los carguitos?
Si, corremos esos peligros. No hay garantías. Enfrentar esos riesgos depende de nosotros mismos. No pueden ser evitados por el actual estatuto del MPL (copia del bodrio jurídico radical) Nuestros vínculos políticos y el sistema de discusión actual se trasladará al seno de la línea interna a fundarse. Más aún, esa línea interna debería ser abierta a todos los trabajadores y mujeres del justicialismo, hoy arreados como hacienda en los comicios internos. Menos democráticas, actualmente hay miles de líneas internas en el mosaico bizantino que hoy exhibe el peronismo. Hay una sola garantía: nuestra voluntad de luchar en un espacio mas amplio donde podamos ser escuchados, luchar por el poder y contribuir a tomar decisiones que sirvan al pueblo argentino.

 

 

 

 
 
 
 
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